lunes, 26 de julio de 2010

El perdón – una gran lección de vida

 

Vengo de una familia pequeña . . . soy hijo único, y me crié con mi abuela paterna y mis padres en una calle popular en una colonia de clase media. 

Toda la vida he tenido un carácter, y mis padres no, ellos son muy pacientes y muy tolerantes con los demás. Mi padre sobre todo, el cual siendo un hombre ágil y fuerte capaz de poner en su lugar a la persona que fuese, me trató de dar con su ejemplo de vida una lección de paciencia y tolerancia hacia los demás . . . nunca lo logró.

Cada ves que alguien me insultaba o me mal trataba reaccionaba de manera exacerbada y casi siempre recurriendo a los golpes. De hecho, muchas veces por defender a otras personas, sean quien fuesen, sobre todo cuando consideraba injustas las acciones contra ellos. No soy de los que ven los toros desde la valla, son de los que bajan y los toman por los cuernos para que no maten al pobre pamplonero que calló (Aunque sinceramente sea culpa del ser humano y no del animal). En fin, no me desvío tanto del tema, el caso es que me gusta tomar acción y partido y no quedarme callado o quieto.

Pasó el tiempo y la vida me ha dado 5 hermosos hijos, dos de ellos están con Dios, y de los tres que están aquí, mi Hija CoCoTon (Que es su apodo) es la mayor.

Un día en un cumpleaños de uno de sus primos, hizo amistad de inmediato (Tal cual es ella, muy sociable y amable) con una niña. La vi jugando muy de cerca con ella, iban y venían durante las 3 o 4 horas que duró el festejo, se gravó su nombre y de mas cosas que uno hace en las primeras horas de amistad.

Hubo un momento de la fiesta en la que mi hija me pidió que le enseñase a jugar un juego de video de esos de peleas de uno contra uno a lo cual me presté encantado de la vida, ya que el niño belicoso que llevo dentro agarro vuelo. Le enseñé algunos trucos y como es normal para cuando acordé ya batallaba yo para derrotarla, cosa que al principio fue a propósito. Así que preferí decirle que mejor buscara a su amiga y así salir con la frente en alto.

 

Mi hija mas pronta que rayo fue por su amiga a mostrarle el nuevo juego que dominaba, la otra niña aceptó gustosa. Empezaron y mi hija le ponía tunda tras tunda a la niña, la cual solo necesitaba un poco de práctica o un padre o hermano mayor que le pasara los mismos trucos que yo a mi hija.

Cuando la desesperación de la “amiga” de mi hija en aumento, y de manera súbita, la niña le empezó a gritar a mi hija y la golpeó un par de veces en la cabeza, yo me encontraba cerca, y ya imaginan mi reacción, salte como un león y me coloqué con las garras de  fuera entre mi hija y la niña, retirando a mi hija y conteniéndome para no darle una buena bofetada a la otra niña.

Mi hija con sus ojitos desconcertados tanto por los golpes, y asustada por mi reacción a la cual no esta tan desacostumbrada, pero vio la ira en mis ojos y de inmediato me dijo: “papi no me dolió, no importa, vámonos¡”, una y otra ves y tomándome del brazo logro alejarme, no sin antes decirle a la otra niña “eres una niña estúpida, y que esto lo sabrán tus padres¡¡”. Me di la vuelta y con el hígado en las manos, y la bilis escurriéndome por los poros, me alejé.

 

Mi hija se fue a jugar con sus primos y primas, pasó media hora, y con ello el final de la fiesta. Nos pasamos a despedir de toda la familia, amigos y conocidos, y ya para salir, vi a la niña que algo buscaba, y a su tía la cual resultó ser una amiga mía ayudándole. Yo no quise hacer las cosas mas grandes al decirle a mi amiga lo que su sobrina había hecho, así que pasé discretamente por un lado de la mano con mi hija y de un momento a otro, mi hija me soltó la mano y corriendo fue al lado de la niña y le dijo: “Amiga¡, ¿Estas buscando tus zapatillas?, recuerda que las dejaste junto a el juego aquel, la tomó de la mano y se acercó para despedirse de ella con un beso, como una niña grande”.

Mi amiga que no sabía nada sobre la desavenencia de las niñas y conociendo a mi hija, no le extrañó su reacción, le agradeció su ayuda y mando rápidamente a su sobrina en busca de los zapatos, la otra niña estaba tan desconcertada por la reacción de mi hija, y por los ojos de incredulidad de mi parte. tardó en reacción pero salió corriendo de pronto obedeciendo a su tía. Volvió zapatos los cuales se encontraban exactamente donde mi hija les sugirió.

Mi hija se dio media vuelta, me tomo de la mano y me dijo: “vamos por mi bolsita papá, que quiero una paleta”. Me fue ella arreado a mi hacia las bolsitas, y sin notarlo, para cuando llegamos a la puerta y salimos, mis ojos se llenaron de lagrimas.

Mi hija no se dio cuenta, me seque el rostro rápidamente con mi camisa y subí a mi hija al carro, cuando llegue a dejarla con su madre le dije: “Te la pasaste bien hija”, y ella sonriendo muy feliz me dijo que si, me abrazo tiernamente, me dio un beso como siempre y se despidió de mi.

El perdón, es algo que mi hija me enseño ese día, vi como no hubo rencor en su corazón, no envenenó su alma con la venganza, pero sobre todo, tal ves hizo realmente una amiga, tal vez no, pero estoy seguro de que no hizo enemigos, lo que si estoy seguro es que hizo con esa pequeña acción, hizo de este mundo un lugar mejor para todo aquel lea esto. Espero ser lo suficientemente bueno redactando historias como para transmitir el hermoso sentimiento que mi pequeña “Migajita de pan” me hizo sentir ese día, me hiso sentir avergonzado con migo mismo, feliz de tener una hija tan buena, y con la responsabilidad a cuestas de ser mejor.

 

Paz en la tierra a las mujeres y hombres de buen corazón. Que Dios los bendiga

1 comentario:

  1. Mejor lección no se puede hijo mío, de ves en cuando, se aprende mas de los hijos, que de los padres.

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