martes, 14 de diciembre de 2010

Dios mío . . . sálvame

 

De mi humanidad. de esa intensa humanidad que me diste. De esa  locura por querer resolver siempre todo con la razón.

De esa intolerancia e impaciencia hacia aquellos que me acosan con su necia obstinación de querer recibir de mi lo que no puedo dar.

Soy lo que soy, y no pido mas de lo que puedo dar, y tampoco puedo dar lo que no tengo. Pero creo que hay quien no lo entiende.

Lo amo hijos míos, si fuese yo el mismo, esta fuese cualquier otra noche de alcohol para poder soportar la triste realidad. No la triste realidad de no tenerlos a mi lado todas las noches, no la triste realidad de trabajar o de dedicar mi tiempo a otras cosas menos importantes que verlos crecer.

 

La triste realidad es que  . . . he hecho mucho daño y lo reconozco, soy lo que soy y pido perdón al que le ofenda mi vida. Al que  le ofenda mi manera de ser, al que le ofenda mi sarcasmo, mi soberbia, mi pedantería, mi falsa seguridad, mis groserías, perdónenme aquel que mi vida le ofenda, aquel al cual mi vida le haga falta de respeto hacia su vida, aquel o aquella al cual mi vida le estorbe. Perdóname . . . tu

Lo triste es que, aquellos a los que he ofendido, han sido tantos y tan variados por lo visto, he herido en mas, como es normal, a los que mas me han amado. Muchos con tristeza se han alejado porque mi vida es tan insufrible para ellos que . . . aunque me amen, no soportan estar a mi lado . . . y me han dejado ir. Otros que también me aman, he tenido la suerte de que también me han perdonado, y mas suerte aún de poder convivir con ellos sin que mi presencia les apesadumbre su vida.

A los demás, a los que no me aman y siguen junto a mi a pesar del daño. Que siguen a mi lado por cualquier circunstancia ajena al amor, que Dios los asista, y espero que no hacerles mas daño en el futuro, tengan por seguro que no es mi intención.

A los que no me aman y “tienen” que estar a mi lado  . . . les recuerdo que nadie en esta vida “tiene” que hacer nada, ya que el “tener” es ir en contra del regalo mas precioso que Dios nos ha dado,  . . . la libertad.

Triste estoy por los que dicen que me aman y me quieren a su lado y me quieren cambiar . . . por los que siguen a mi lado esperando de mi algo que no soy . . . a aquellos que veo de ves en cuando y trato con respeto sus vidas, y aun así no respetan mi vida . . . por ellos si estoy triste, por ellos estoy muy muy triste . . .

 

Es una de esas noches en las que pienso mucho en la salvación, la real salvación que solo Dios me puede dar, salvarme de mi tristeza, de mi auto conmiseración, de mi autoflagelación de mi misericordia hacia mi mismo.

Sálvame de aquellos que creen que me están haciendo un bien cuando es todo lo contrario, ya que su voluntad es como la de el niño que por sujetar tan fuerte a su cachorro por miedo a que escape, lo asfixia hasta la muerte.

Sálvame de aquel que me necesitan tan desesperadamente que prefiere morir con migo que vivir sin mi.

Sálvame del necio y obstinado que tiene la razón. Y que agitando la espada de esa razón prefiere decapitar mi paciencia y mi amistad a defender su amor y su propia paz y tranquilidad.

Sálvame de mi mismo señor, ya que yo mismo me hago daño al seguir pensando cada noche en los que me hacen daño.

Sálvame solo esta noche, salvándolos a ellos de si mismos, ya que como yo, no saben lo que hacen.

Sálvanos.