Soy hijo único, de padres divorciados.
Ellos se divorciaron cuando yo era adolecente, por alguna razón la cual desconozco y a estas alturas de mi vida, es irrelevante.
Vivieron felices, o así los quise ver, fui muy feliz a su lado, me cuidaron como los mejores padres del mundo, rara vez los vi discutir, o pelear.
Crecí, y empecé a buscar mi propio destino, hice una familia, tengo una hija de 5 años, la cual adoro con toda mi alma, y dos hijos por nacer (Niño y niña).
Llevo tiempo separado de su madre porque no nos llevábamos bien. Recuerdo mucho un encuentro de novios al que fuimos antes de cazarnos, y recuerdo que el mensaje era claro . . .
¿Están seguros de esto?
¿Esto es para siempre?
El ejercicio mas difícil del encuentro de novios para mi fue, uno en el que el uno de los padrea que impartía el curso ponía el siguiente dilema:
“Si tu, tu único hijo y tu esposa están perdidos en altamar y solo dos de los tres se pueden salvar, uno de los dos tiene que ser tu, el otro quien sería . . . ¿Tu hijo o tu esposa?”
En aquel momento la madre de mis hijos y yo estuvimos completamente de acuerdo en que moriríamos por nuestros hijos, que daríamos y haríamos lo que fuese necesario por ellos.
Para nuestra sorpresa, el padre terminó diciendo lo siguiente:
“Lo correcto es que elijan a su esposa o esposo, ya que los hijos son prestados por Dios nuestro señor, y a tu esposo (a), lo elijes tu, y al final, los hijos se van y solo quedan ustedes dos para la eternidad”
Ambos (Ella y yo) nos vimos a la cara y dijimos: “Claro que no, lo mas importante es nuestros hijos, mas allá de nuestra felicidad”
En este momento, me doy cuenta que ambas cosas son ciertas, han pasado muchos años de aquello, mas de 10 años, y he visto a dos de mis hijos morir, a mi hija crecer, caminar, aprender a comer y leer, reír y gozar, llorar y enojarse . . . ser feliz y entristecer. Y tal vez a mis hijos por nacer nunca los conozca como yo quisiera.
De algo estoy seguro, uno si daría su vida por los hijos, pero no la viviría sin felicidad, ambas cosas son ciertas.
Los hijos son prestados, son un encargo de Dios.
Nuestra vida en pareja o como individuos, debe de ser vivida para ser felices.
Cuando ambas verdades chocan, la solución es encargarle a nuestros hijos a su verdadero padre. Dios nuestro señor, y tratar de ser felices a costa de lo que sea.
Cuando nuestra felicidad en pareja no existe, e incluso daña a la felicidad o el futuro de los hijos, lo mejor es alejarse, y tener la madurez espiritual de aceptar nuestros errores y vivir lo mejor posible.
Ahora te entiendo Papá, ahora te entiendo mamá. sigo sin saber el motivo, y no me importa. Los veo felices a ambos, espero que algún día me vean ustedes feliz como persona también, como padre, ya que como hijo, soy feliz aunque casi no los vea.
Los amo.
Atte. Su único hijo
Ya ves que no fué asi? Pudiste recuperar a tu familia y pronto recuperarás la felicidad y estabilidad que necesitas. Solo no te rindas.
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